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El Cuencano - 2020-06-30

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¡Hasta pronto, Cuenca!

Edición Final

Resulta inevitable saberse tocado por las sensaciones propias que causa la nostalgia, esa sensación de melancolía que acaece ante la ausencia o la pérdida de algo o de alguien, pero en esta carta se impone y es mayor el sentimiento de gratitud hacia la ciudadanía por acompañarnos durante 16 años en la labor de desentrañar la realidad desde la pluralidad, la veracidad y la imparcialidad. El Cuencano, anteriormente “Late” y en un principio “La Tarde”, hace desde hoy una pausa dada la dura situación que atraviesa el planeta en todo sentido a causa del coronavirus, una pausa que nos resulta cuando menos incómoda por el amor que sentimos por la ciudad, por el periodismo -en palabras de García Márquez el oficio más lindo del mundo- y por ese ánimo siempre vigoroso que nos motivó en todo momento a buscar la verdad y aportar en la edificación de una ciudad y de un mundo mejor. Dieciséis años pendientes de las luces y sombras de la ciudad. Dieciséis años de escuchar, dar voz y abrazar las necesidades, angustias y alegrías del pueblo. Dieciséis años de estar al corriente de las circunstancias que marcan la vida del vecino, de la casera, del estibador, del funcionario, de los hombres y las mujeres de la ruralidad que madrugan para traer los alimentos de la tierra para garantizar la soberanía alimentaria en la urbe. Dieciséis años de informar con la diligencia, la energía y la responsabilidad de siempre. Nacimos como “La Tarde” en marzo del 2004 de manera vespertina, una marca inolvidable que caló profundo en los cuencanos. Luego de años de constante trabajo, esfuerzo y creatividad de directores, editores y periodistas de alta calidad en noviembre de 2016 tomamos una decisión estratégica y pasamos a llamarnos Diario “Late”, para circular por la mañana. Y desde este 2020, motivados por nuestro espíritu innovador, nos convertimos en Diario “El Cuencano”. Este proceso de años de constante evolución se ha dado gracias a los talentosos profesionales que pasaron por nuestra sala de redacción con sus ideas y sus plumas llenas de sabiduría y claridad. Pero más allá de las contigencias y los insospechados deparos del universo, tenemos la certeza de que la luz de nuestras plumas, de nuestros corazones y nuestras mentes jamás se apagará. Por ello esta carta supone apenas un hasta luego y de ninguna manera un adiós. ¡Mil gracias, Cuenca! ¡Hasta pronto! (O)

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